¿Qué es? Un lugar lleno de TIPS, consejos y trucos explicados de modo práctico, didáctico y simple.
¿Para quién? Para el webanalfabeto que no sabe nada de Internet, y para el que sabe "algo" pero quiere aprender más (expertos abstenerse).
Es innegable que la mayor parte del tiempo que estamos frente a una computadora, la pasamos frente a un navegador. Y con el tiempo, esta tendencia va en fuerte aumento. El navegador que seleccionemos, podría considerarse aún más importante que el cuadro de fútbol del cuál somos hinchas, de la marca de ropa que usamos o de la empresa de tecnología de la cual somos fanáticos. El navegador, hoy en día, lo es todo. Y a pesar de eso, aún hay muchísimas personas que no tienen idea de que existen varias opciones de navegadores (o “Browsers” – en inglés-) y piensan que el único que existe es el que viene “por default” (predeterminado) en su computadora al momento de comprarla (donde típicamente uno de los más populares, es el navegador “Internet Explorer”, de Microsoft). Es por eso que este TIP, pretende matar dos pájaros de un solo tiro: 1) Hacer que todos nos animemos a usar más de un navegador dependiendo del uso o sitio en el que queramos “navegar” y 2) Presentar a XMARKS una solución que permite, muy fácilmente, SINCRONIZAR AUTOMATICAMENTE TODOS LOS BOOKMARKS (o “Favoritos”) entre todos los navegadores y computadoras que usemos.
Vayamos por partes. Y para eso, qué mejor que contarles mi propia experiencia. Varios años atrás, antes de saber que las computadoras Mac existían (mejor dicho, a pesar de que sabía sobre su existencia pero no consideraba ni siquiera la mínima posibilidad de usarlas, ya que toda mi vida había usado PC’s o Notebooks con el sistema operativo Windows), no tenía la menor idea de que existiese algún otro tipo de navegador o browser que no fuera Internet Explorer (y les aseguro que más del 90% de las personas, aunque usted no lo crea, aún no lo saben). Con lo cual, mi gran problema pasó a ser cómo sincronizar los Bookmarks o Favoritos entre las dos computadoras diferentes, a ser: la PC del trabajo y la PC de casa. Dicho problema no pudo ser solucionado y por varios años de mi vida, cada computadora tuvo sus propios bookmarks, siendo algo súper incómodo, poco práctico y “consumidor de tiempo” por el simple hecho de que si quería tenerlas “igualadas”, debía duplicar la tarea de crearlas en ambas computadoras de manera simultánea.
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El tiempo pasó, y algo llamado Internet surgió y este fue el “principio del fin” de las enciclopedias y diccionarios (al menos entendidas como libracos impresos caros, objetos de culto familiar/académico). Y todo el conocimiento apareció disponible en la Web, replicando inicialmente el modelo impreso original, pero online. Hasta que el uso y costumbre de Internet, por sus características intrínsecas, generó dos grandes cambios culturales: el primero, permitió actualizar los contenidos de manera frecuente y el segundo fue el de permitir el acceso de valiosos contenidos a gran cantidad de personas de modo gratuito (y 100% actualizado). La primer consecuencia de esto fue que el oficio de “vendedor de enciclopedias” tuvo el mismo destino que el del “repartidor de leche a domicilio” y la segunda gran consecuencia fue que consultar información académica se transformó en algo mucho más fácil, universal y cotidiano.
Sin embargo, hay palabras o términos que nunca van a aparecer en un diccionario e enciclopedia online “tradicional”. Esto se debe a que los diccionarios o enciclopedias “tradicionales”, antes de incorporar un nuevo término deben validarlo por un “consejo de expertos” tras una larga discusión de como dicho término será definido. Uno de estos selectos grupos “validadores” que más familiar nos puede sonar, es ni más ni menos que la Real Academia Española. Entonces, ¿cómo hacemos para saber el significado de “algo” que no está considerado o definido por las enciclopedias o diccionarios tradicionales? ¿Por ejemplo, el significado del término “Taringa“? Ahí es donde aparece en escena WIKIPEDIA.