¿Qué es? Un lugar lleno de TIPS, consejos y trucos explicados de modo práctico, didáctico y simple.
¿Para quién? Para el webanalfabeto que no sabe nada de Internet, y para el que sabe "algo" pero quiere aprender más (expertos abstenerse).
Esta función llamada “schedule this update” (algo así como “agendar este tweet”) es sumamente útil, ya que nos permite escribir uno o varios tweets y decidir con precisión en que fecha y horario queremos que los mismos salgan publicados.
Voy a darles un ejemplo usándome a mí mismo. Soy de leer mi timeline (línea de tiempo de Twitter) a altas horas de la noche. Muchas veces mientras la reviso, se me ocurren nuevos tweets para compartir. Sin embargo, publicar un tweet a las 2 o 3 de la mañana, es condenarlo al fracaso, ya que la mayoría de las personas, están durmiendo. Ergo, el tweet será leído solo por algunos noctámbulos como yo. En cambio, si en lugar de publicarlo en el mismo momento que lo escribo, digamos 2 de la mañana, lo escribo y lo programo para que salga publicado a las 11 de la mañana, mientras estoy trabajando y ocupado con otras cosas, la cantidad potencial de lectores (o audiencia potencial del tweet) se incrementa notablemente. Es decir, dejo todo planificado y programado para que algo que redacté en un horario marginal y en el cual estoy tranquilo y relajado, salga publicado en un “Horario Principal” (en televisión diríamos “Prime Time”) en donde hay mucha gente conectada a Twitter (a pesar de que yo esté reunido con clientes o colegas, tratando otros temas).
5 pasos para aprender a programar o agendar un tweet en TweetDeck:
1) Me aseguro de tener TweetDeck, y si no lo tengo lo descargo en su aplicación DeskTop (escritorio), en el idioma que me sea más cómodo.
2) Una vez dentro de TweetDeck, escribo un tweet y en lugar de “enviarlo” (o hacer “Update” o apretar “Send” o “Enter”), hago click en el relojito que aparece abajo y a la derecha de la caja en donde suelo escribir los tweets:
3) Va a aparecer la siguiente pantalla en donde debo completar fecha y horario en el que quiero que el Tweet en cuestión, salga finalmente publicado.
4) En la imagen anterior se demuestra que estoy escribiendo un sábado 8 de octubre a las 17:06 horas y lo voy a programar para que salga publicado el lunes 10, a las 11:00 horas.
5) Como podemos ver en la imagen superior, al lado del relojito quedo la instrucción de publicar este Tweet el Lunes (Monday – Mon) 10 de Octubre a las 11:00 horas. Haciendo click en dicha cajita o apretando Enter, activaremos exitosamente la programación del Tweet. Y listo!
Ya aprendimos cómo programar un Tweet para que salga publicado en otro momento. Aprovechá esta función y ponela en práctica para diferentes situaciones, como por ejemplo cuando:
Propongo que pongas en práctica esta solución. Te aseguro que le vas a sacar más provecho del que te imaginás.
Y por último, la pregunta obligada: Vos, ¿ya sabías que podías “twittear en diferido”?
¿Por qué pasa esto?
Muy simple: porque la gente empieza a escribir cómo se le ocurre intuitivamente y nunca comienza por donde debería hacerlo, es decir, por el principio. Cualquiera, desde muy chiquito, al querer escribir en un teclado, con cero destreza, empieza con sus índices a buscar la letra para tipearla. Y luego de hacerlo, procede con la siguiente y así hasta que se convierte en jubilado y luego muere (suena un poco trágico, pero así es). Tan simple como esto. Son muy pocas, o mejor dicho poquísimas, las personas que por iniciativa propia, intentan tipear bien, “como corresponde”, con los 10 dedos. Y por otra parte, no hay una instancia educativa o de ningún tipo, ni “oficial” u “obligatoria”, que enseñe o explique la importancia de aprender a tipear bien desde bien chiquito (como en realidad debería ser).
Por ende, una persona que empieza con el mal hábito de escribir con solo 2 dedos (o 3 o 4, pero no con 10), cada vez que tipea más, “cree” que tipea mejor, dado que va adquiriendo un cierto tipo de destreza y velocidad que lo hace sentir más cómodo y satisfecho. Sin embargo, este es el “camino a la perdición”. Cuanto más tiempo escriba con 2 dedos, más difícil le será desandar ese camino en pos de escribir correctamente.
En el mundo ideal, habría que entrenar a los chicos, desde bien chiquitos, a escribir correctamente con los 10 dedos y sin mirar el teclado. Pero el problema es la “falta de maestros” o “ejemplos”. ¿Qué padre puede enseñarle a su hijo de 7 o 10 años, (como por ejemplo los míos), a tipear correctamente? Difícilmente uno que no sepa escribir bien, ya que los chicos aprenden con el ejemplo y la motivación, y si de chiquitos ven a sus padres haciendo las cosas de una manera, suelen seguir dicho ejemplo (amén de que es muy poco probable que un padre que tipea mal, entienda la importancia de tipear bien, y querer además enseñarle eso a su hijo, el cual obviamente, en una primera instancia, se va a negar rotundamente a hacer algo que en un principio, solo un principio, es más complicado). En cambio, un padre (o amigo, o maestro, o profesor, o lo que sea) que sepa tipear correctamente, puede ser un muy buen ejemplo para que un chico quiera aprender y pueda además hacerlo de manera muy sencilla.
Mi mensaje “esperanzador” es el siguiente: Tipear correctamente, utilizando los 10 dedos y sin mirar el teclado, es mucho más fácil de lo que te imaginás. Solo se necesita un poco de disciplina y práctica. Nada más que eso.
En mi caso particular, cuando tenía 16 años (1986), mi “sexto sentido” me llevó a la conclusión de que debía y era necesario aprender a tipear correctamente. Como estaba en el Secundario y cursaba Bachillerato y la materia mecanografía (que se dictaba solo en Comercial) no estaba en mi currícula, decidí por las mías anotarme en las Academias Pitman luego del horario escolar para aprender DACTILOGRAFIA. Y de no saber nada, en tan solo dos meses, salí tipeando correctamente, “como Dios manda”. Y fue ahí donde me compré mi primera máquina de escribir: la emblemática Olivetti Lettera 35:
Con ella, tuvimos un “noviazgo” hasta mis primeros años de la Facultad en donde por cursar la Licenciatura en Ciencias Sociales, le dí un uso terrible ya que todas las semanas debía entregar trabajos prácticos, tesinas, monografías, cuentos, relatos y todo lo que se les ocurra (menos TIPS, que eso me agarró ya más de grandecito…). Y ahí me di cuenta de que años atrás, había tomado una de las mejores decisiones de mi vida y que fue aprender a tipear correctamente. Mientras mis compañeros iban con sus “dos deditos” a un ritmo lento y cansino, yo escribía alegremente con mis diez extremidades. Y por ende, terminaba mucho antes, y de buen humor, algo que a los demás les costaba mucho tiempo y esfuerzo. Hoy tengo 41 años, y puedo decir que desde los 16 escribo muy bien. Por ende, ya van 25 años de mi vida haciendo algo de manera correcta, por haber decido aprenderlo en tan solo 2 meses.
Y los invito a que calculemos algunos números. Por ejemplo, si consideramos que una persona que escribe con 2, 3 o 4 dedos lo hace a una velocidad promedio de 15 Palabras Por Minuto (PPM), o en inglés Words Per Minute (WPM), mientras que una que escribe bien en promedio está en las 35 o 40 PPM, es fácil calcular que la primera está al 40% de velocidad que la segunda (o dicho de otro modo, escribe un 60% más lento). Y si nos imaginamos que ambas personas están frente a un teclado un promedio de 5 horas al día (entre el trabajo y la casa, ya sea mandando mails, escribiendo, en redes sociales, etc.), lo que da unas 35 horas semanales, o unas 1.750 horas anuales, el individuo 60% más lento, “desperdicia” unas 1.050 horas por año (o dicho de otro modo, 43 días “al pepe”). Y si lo calculamos en años, por ejemplo desde que alguien empieza hoy en día a usar teclados (desde los 7 años) hasta que los deja de usar (usemos 80 años a efectos del ejemplo), es decir, 73 años tipeando, el desperdicio se traduce en 76.650 horas, o 3.193 días, o 456 semanas, o tan solo 9 añitos…
Estos números pretenden demostrar tan solo una cosa: es IMPERIOSO tomar la decisión de “ponerse las pilas” y aprender a tipear con los 10 dedos y sin mirar el teclado. Y una vez aprendido, debemos ser ejemplos para otros y motivarlos a que aprendan a hacer esto.
Y ahora bien, ¿y por dónde empezamos?
Afortunadamente, existen una infinidad de sitios web que enseñan, de manera gratuita, a tipear correctamente.
Lo primero que debemos aprender, es ubicar correctamente las manos y los dedos en el teclado. Para ello, hay una única posición correcta, que asigna a cada tecla, un dedo específico. Nuestra tarea, es saber qué tecla va con que dedo.
Los dedos deben apoyarse en las teclas amarillas y desde ahí les corresponden las teclas según el color asignado, mientras que los pulgares van sobre la barra espaciadora.
Una vez que sabemos como apoyar correctamente los dedos y cuál de ellos corresponde a cada tecla, se viene la parte más divertida y que es: “Practicar”. Y lo bueno de empezar a aprender en el 2011, a diferencia de mi situación en 1986, es que hay muchísimos sitios web que permiten hacerlo de manera divertida, entretenida y gratuita. Uno de ellos es Sense Lang en donde hay varios tutoriales para escribir correctamente y muchas lecciones prácticas, comenzando desde lo más básico hasta llegar a lo más complejo. Y así es como se ve el teclado de práctica el cual debemos mirar en nuestra pantalla (para evitar mirar nuestro teclado físico) y “memorizar” o “internalizar” la ubicación de las letras mientras vamos escribiendo el texto que nos va apareciendo en el display superior:
Por lo general, todos los sitios que enseñan a tipear, además de las lecciones y tips de cómo hacerlo, luego tienen una sección llamada “Take a Test” (o “Realizá una Prueba”). De este modo, luego de hacer algunas lecciones, podemos ir probando cómo va evolucionando nuestra performance en relación a WPM (Words Per Minute) o PPM (Palabras por Minuto), que es la métrica estandarizada para saber la velocidad a la que tipeamos. Incluso, les propongo que hagan el primer test antes de tomar la primera lección (es decir, escribiendo con los algunos dedos y mirando el teclado) y luego se sorprendan con los avances en PPM a medida que vayan avanzando en las lecciones.
También existen varios complementos, Add Ons o Extensiones para instalar en nuestros navegadores o browsers. Uno que funciona bien en Firefox, es creativetom2001. Y una extensión que funciona bien en Chrome es Typing Test – Key Hero. Todos ellos, permiten practicar y hacer pruebas, en las que se evalúa velocidad de PPM, precisión (es decir, cuántos errores tuvimos marcados tanto en número absoluto como en porcentaje) y otras estadísticas muy interesantes, incluyendo ranking de otras personas que usaron el programa y ordenándolos por mayor velocidad.
Y con tan solo poner en Google: “Typing Lessons”, “Typing Tutorials”, “Typing Test” o “Cómo aprender a tipear”, para citar tan solo algunos ejemplos, tendremos un listado con una infinidad de sitios para ir probando hasta seleccionar el que más nos guste. Cómo se darán cuenta, hay de todo en Internet, y nuestro amigo Google se encarga de encontrarlo para vos.
Y una vez que tengamos el ABC de cómo tipear correctamente, deberemos practicar, practicar y practicar hasta que de memoria y automáticamente sepamos como pulsar cada tecla con el dedo correcto y sin mirar el teclado y listo! Ya aprendimos a tipear con los 10 dedos y sin mirar el teclado. Así de sencillo.
10 ventajas de tipear correctamente:
Mi fuerte recomendación es que empieces ya! Y de última si no querés, y si sos padre, no perjudiques a tus hijos y que ellos si lo hagan. Si un chico puede aprender cualquier “jueguito” en minutos, adquiriendo una destreza increíble con controles remotos con infinitos botones y comandos, ¿cómo no va a poder aprender a tipear correctamente? Es tan solo una cuestión de prioridades, motivación y práctica. Como dije anteriormente, hay que ponerse las pilas. Y para facilitar la tarea, les paso un interesante jueguito online que me recomendó @Grizzluza que promueve, de manera muy amena, el aprendizaje del correcto tipeo. El mismo se llama Z-Type y consiste en “dispararle a palabras que caen del cielo” y para ello debemos tipearlas correctamente en el teclado. Recomiendo que lo prueben, es muy divertido.
Para ir cerrando, nunca pensé que iba a escribir un TIP sobre TIPEAR (¿les gustó el juego de palabras?).
Sin embargo, cada vez que veo a alguien que está desaprovechando su tiempo tipeando incorrectamente, reflexiono en todo lo que se está perdiendo por, simplemente, no ser consciente de las ventajas de tipear como corresponde. Este es mi modesto aporte a todos aquellos que teniendo 10 dedos, usan solo 2, y mi sentido homenaje a los 8 dedos que quieren reivindicarse para tomar el lugar que les corresponde.
Y por último, la pregunta obligada: “Vos, ¿sos de los que tipean bien o de los que tipean mal?“
De este modo, cada vez que tenía que hacer un trámite de cualquier tipo, llevaba mi carpeta de fotocopias (más algún documento original puntual que fuera requerido) y estaba 100% preparado para contestar cualquier tipo de pregunta (de esas típicas que te suelen hacer cuando hacés cualquier gestión, como por ejemplo, “DNI y fecha de nacimiento de tus padres”, “organismo que te otorgó el pasaporte”, “fecha de expedición de VISA”, etc.). Y si por A, B o C, me solicitaban la fotocopia de algo, la podía entregar en el momento y ganar muchísimo tiempo (y luego reponía dicha fotocopia para tener nuevamente mi juego completo).
Con los grandes avances tecnológicos como la DIGITALIZACION, esto se simplificó muchísimo. Y lo que en su momento fue una fotocopia en blanco y negro, pasó a ser “algo escaneado en color” que podía guardarse como un archivo digital (originalmente en un floppy disk, luego en diskette 3.5″, posteriormente en pen drive y actualmente en “LA NUBE”).
Y es acá donde va mi simple consejo que hace honor al título de este TIP: DIGITALIZA toda tu DOCUMENTACION y subila a la NUBE para tenerla SIEMPRE a mano.
Al mejor estilo receta de cocina, los materiales necesarios son:
Este TIP que puede parecer un tanto “básico” es realmente muy pero muy útil. Te puede sacar de varios apuros (y te lo digo por experiencia propia). Haceme caso y ponelo en práctica. Y por si fuera poco, es de muy rápida implementación, lo podés hacer vos solo y todo este proceso es ABSOLUTAMENTE GRATIS!!
Otra variación de este TIP es: digitalizá TODO lo que lleves en la billetera y guardalo en algún lugar (por ejemplo, un pendrive). De este modo, si te la roban, podrás ver rápida y fácilmente todo lo que tenías en ella (tarjetas de crédito, débito, documentos, obra social, tarjeta de descuento como Club La Nación o Clarín 365, etc.) y hacer las denuncias y trámites pertinentes sin dudar sobre el contenido de la misma.
Y por último, la pregunta obligada: Vos ¿que estás esperando para digitalizar toda tu documentación?
Días atrás, leyendo el Cronista Comercial, me topé con un artículo de Lucy Kellaway, en el que la autora expresó de la mejor manera posible (aunque sin saberlo) el por qué es necesario (o indispensable) contar con un software de creación y administración de passwords o contraseñas. Tanto me gustó su nota y manera de tratar este tema, que opté por publicarla a continuación. Si querés verla en el sitio original, el link es éste (nobleza obliga).
Me declaro incapaz de recordar mi contraseña De vuelta a la oficina, tras un largo fin de semana, no pude empezar a trabajar porque había olvidado la contraseña de mi computadora. Tal vez se debiera a la excitación causada por la combinación de una boda espectacular seguida de una muerte espectacular, pero mi cerebro era incapaz de recordar una sencilla secuencia de siete caracteres. Al principio, nunca olvidaba mi contraseña. Pero eso es porque la gran palabra secreta que había escogido era Kellaway, la cual consideraba que podría recordar sin esfuerzo incluso en los momentos más tensos. Las cosas no empezaron a torcerse hasta que los expertos en seguridad informática me dijeron que esta contraseña no volvería a servir. Reacia, busqué algo más elaborado y, para estar segura de no olvidarla, escribí la palabra en un post-it y lo pegué en mi monitor. Pero ahora, las notas en los monitores están mal vistas, y el ordenador insiste en que mi clave tiene que contener una mezcla confusa de letras, números y garabatos y cambiarse continuamente. Para ayudarme en la labor, he diseñado un sistema: alterno a los miembros de mi familia, con letras mayúsculas, puntuación y edades. Sin embargo, tal y como descubrí el martes, este sistema no es a prueba de errores. Me atrevería a decir que es lo bastante simple como para que cualquier hacker lo descifre en un nanosegundo, pero es lo suficientemente complicado como para frustrarme. Soy incapaz de recordar por qué miembro de la familia voy, si es un punto o una coma, o qué edad tiene. Ya sería suficientemente malo si sólo tuviera que recordar una contraseña. Pero tengo claves para mi banco, mi correo electrónico, Amazon y para cualquier otra página en la que haya entrado a comprar alguna vez. La mayoría de ellas son variaciones sobre un tema, algunas más largas que otras, ¿pero cuál es cuál? En cierta medida, me consuela el hecho de que mi técnica es mejor que la de algunos. Un reciente estudio de 23 millones de contraseñas mostró que la más popular con diferencia sigue siendo 123456. Entre las palabras, Password ocupa el primer lugar, seguida de Iloveyou, princess y rockyou. Existe una nueva aplicación que pronto podrá descargarse para el iPhone y que ofrece una serie de imágenes para ayudarnos a recordar claves aleatorias, pero parece un tanto complicada para mí. En su lugar, se me ocurre una ayuda mnemotécnica más sencilla basada en lo único que puedo recordar siempre sin problemas -las letras de los Beatles-. Así, una contraseña espléndida podría ser H!Ins, H!Nja (“Help! I need somebody, Help! Not just anybody”). Pero hay dos problemas con ello. Primero, no estoy segura de acertar con la puntuación, y segundo, según un reciente estudio académico, las claves mnemotécnicas pueden resultar igual de fáciles de descifrar que los nombres de tus hijos. Muchos portales intentan ofrecer mayor seguridad haciendo preguntas que supuestamente se pueden memorizar sin problemas. Pero no me parece que estas preguntas sean para nada fáciles de recordar. De hecho, a menudo tengo que inventar respuestas y apuntarlas en mi diario para no olvidarlas. ¿Cuál era el código postal de tu lugar de nacimiento? Esto… ni idea. ¿Cuál era el segundo nombre de tu padre? No tenía. Peores aún son las páginas que piensan que las preferencias son más seguras que los hechos. Cuando quiero comprobar cuánto dinero tengo en la cuenta, mi banco me pregunta: ¿Cuál es tu comida favorita? Como realmente no tengo ninguna, siempre escribo: Maltesers, aunque no me queda la conciencia tranquila. Peor aún es que te pregunten por el nombre de tu mejor amigo. Como la mayoría de los adultos, he superado la fase en la que se tiene uno. Entonces, ¿escribo el nombre de mi mejor amiga de la escuela? ¿Debería seguir escribiéndolo aunque hayamos discutido? Al final, por complicada que sea la clave, sabemos que no es segura. Quienquiera que entrara en la red de PlayStation el mes pasado tiene acceso ahora a 100 millones de contraseñas, y pese a que es de suponer que estarán codificadas, seguramente puedan descifrarse con un poco más de esfuerzo. Y teniendo en cuenta que la mayoría de los usuarios probablemente usen las mismas claves para todo, los hackers podrían disfrutar como enanos entrando en las cuentas bancarias y gastando el dinero de otros en la red. Los pocos expertos en informática que conozco han intentado protegerse comprando software que genera una cadena interminable de claves aleatorias y que las recuerda todas. Pero también hay un problema con esto. Hay que recordar una contraseña maestra para entrar en el sistema. No puedo evitar preguntarme por qué es todo tan complicado. Para tener acceso a mi dinero, que es lo principal, lo único que necesito es una tarjeta de plástico y un simple PIN de cuatro números. No necesito saber mi comida favorita ni recordar la edad de mis hijos. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo aún con una computadora?
De vuelta a la oficina, tras un largo fin de semana, no pude empezar a trabajar porque había olvidado la contraseña de mi computadora. Tal vez se debiera a la excitación causada por la combinación de una boda espectacular seguida de una muerte espectacular, pero mi cerebro era incapaz de recordar una sencilla secuencia de siete caracteres. Al principio, nunca olvidaba mi contraseña. Pero eso es porque la gran palabra secreta que había escogido era Kellaway, la cual consideraba que podría recordar sin esfuerzo incluso en los momentos más tensos. Las cosas no empezaron a torcerse hasta que los expertos en seguridad informática me dijeron que esta contraseña no volvería a servir. Reacia, busqué algo más elaborado y, para estar segura de no olvidarla, escribí la palabra en un post-it y lo pegué en mi monitor. Pero ahora, las notas en los monitores están mal vistas, y el ordenador insiste en que mi clave tiene que contener una mezcla confusa de letras, números y garabatos y cambiarse continuamente. Para ayudarme en la labor, he diseñado un sistema: alterno a los miembros de mi familia, con letras mayúsculas, puntuación y edades. Sin embargo, tal y como descubrí el martes, este sistema no es a prueba de errores. Me atrevería a decir que es lo bastante simple como para que cualquier hacker lo descifre en un nanosegundo, pero es lo suficientemente complicado como para frustrarme. Soy incapaz de recordar por qué miembro de la familia voy, si es un punto o una coma, o qué edad tiene. Ya sería suficientemente malo si sólo tuviera que recordar una contraseña. Pero tengo claves para mi banco, mi correo electrónico, Amazon y para cualquier otra página en la que haya entrado a comprar alguna vez. La mayoría de ellas son variaciones sobre un tema, algunas más largas que otras, ¿pero cuál es cuál? En cierta medida, me consuela el hecho de que mi técnica es mejor que la de algunos. Un reciente estudio de 23 millones de contraseñas mostró que la más popular con diferencia sigue siendo 123456. Entre las palabras, Password ocupa el primer lugar, seguida de Iloveyou, princess y rockyou. Existe una nueva aplicación que pronto podrá descargarse para el iPhone y que ofrece una serie de imágenes para ayudarnos a recordar claves aleatorias, pero parece un tanto complicada para mí. En su lugar, se me ocurre una ayuda mnemotécnica más sencilla basada en lo único que puedo recordar siempre sin problemas -las letras de los Beatles-. Así, una contraseña espléndida podría ser H!Ins, H!Nja (“Help! I need somebody, Help! Not just anybody”). Pero hay dos problemas con ello. Primero, no estoy segura de acertar con la puntuación, y segundo, según un reciente estudio académico, las claves mnemotécnicas pueden resultar igual de fáciles de descifrar que los nombres de tus hijos. Muchos portales intentan ofrecer mayor seguridad haciendo preguntas que supuestamente se pueden memorizar sin problemas. Pero no me parece que estas preguntas sean para nada fáciles de recordar. De hecho, a menudo tengo que inventar respuestas y apuntarlas en mi diario para no olvidarlas. ¿Cuál era el código postal de tu lugar de nacimiento? Esto… ni idea. ¿Cuál era el segundo nombre de tu padre? No tenía. Peores aún son las páginas que piensan que las preferencias son más seguras que los hechos. Cuando quiero comprobar cuánto dinero tengo en la cuenta, mi banco me pregunta: ¿Cuál es tu comida favorita? Como realmente no tengo ninguna, siempre escribo: Maltesers, aunque no me queda la conciencia tranquila. Peor aún es que te pregunten por el nombre de tu mejor amigo. Como la mayoría de los adultos, he superado la fase en la que se tiene uno. Entonces, ¿escribo el nombre de mi mejor amiga de la escuela? ¿Debería seguir escribiéndolo aunque hayamos discutido? Al final, por complicada que sea la clave, sabemos que no es segura. Quienquiera que entrara en la red de PlayStation el mes pasado tiene acceso ahora a 100 millones de contraseñas, y pese a que es de suponer que estarán codificadas, seguramente puedan descifrarse con un poco más de esfuerzo. Y teniendo en cuenta que la mayoría de los usuarios probablemente usen las mismas claves para todo, los hackers podrían disfrutar como enanos entrando en las cuentas bancarias y gastando el dinero de otros en la red. Los pocos expertos en informática que conozco han intentado protegerse comprando software que genera una cadena interminable de claves aleatorias y que las recuerda todas. Pero también hay un problema con esto. Hay que recordar una contraseña maestra para entrar en el sistema. No puedo evitar preguntarme por qué es todo tan complicado. Para tener acceso a mi dinero, que es lo principal, lo único que necesito es una tarjeta de plástico y un simple PIN de cuatro números. No necesito saber mi comida favorita ni recordar la edad de mis hijos. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo aún con una computadora?
Espero que el artículo transcripto te haya gustado tanto como me impactó a mi. Pero lo único que sí puedo decirle a la autora del mismo, es que su última pregunta tiene una respuesta: y que si la quiere saber, solo debe hacer click aquí.
Por terminar, y de yapa, recomiendo que veas el siguiente video realizado por Common Craft en el qué se dan consejos sobre cómo crear contraseñas seguras:
Lamentablemente, el mismo, está disponible solamente en inglés (pero se deja entender bastante bien).
Es innegable que la mayor parte del tiempo que estamos frente a una computadora, la pasamos frente a un navegador. Y con el tiempo, esta tendencia va en fuerte aumento. El navegador que seleccionemos, podría considerarse aún más importante que el cuadro de fútbol del cuál somos hinchas, de la marca de ropa que usamos o de la empresa de tecnología de la cual somos fanáticos. El navegador, hoy en día, lo es todo. Y a pesar de eso, aún hay muchísimas personas que no tienen idea de que existen varias opciones de navegadores (o “Browsers” – en inglés-) y piensan que el único que existe es el que viene “por default” (predeterminado) en su computadora al momento de comprarla (donde típicamente uno de los más populares, es el navegador “Internet Explorer”, de Microsoft). Es por eso que este TIP, pretende matar dos pájaros de un solo tiro: 1) Hacer que todos nos animemos a usar más de un navegador dependiendo del uso o sitio en el que queramos “navegar” y 2) Presentar a XMARKS una solución que permite, muy fácilmente, SINCRONIZAR AUTOMATICAMENTE TODOS LOS BOOKMARKS (o “Favoritos”) entre todos los navegadores y computadoras que usemos.
Vayamos por partes. Y para eso, qué mejor que contarles mi propia experiencia. Varios años atrás, antes de saber que las computadoras Mac existían (mejor dicho, a pesar de que sabía sobre su existencia pero no consideraba ni siquiera la mínima posibilidad de usarlas, ya que toda mi vida había usado PC’s o Notebooks con el sistema operativo Windows), no tenía la menor idea de que existiese algún otro tipo de navegador o browser que no fuera Internet Explorer (y les aseguro que más del 90% de las personas, aunque usted no lo crea, aún no lo saben). Con lo cual, mi gran problema pasó a ser cómo sincronizar los Bookmarks o Favoritos entre las dos computadoras diferentes, a ser: la PC del trabajo y la PC de casa. Dicho problema no pudo ser solucionado y por varios años de mi vida, cada computadora tuvo sus propios bookmarks, siendo algo súper incómodo, poco práctico y “consumidor de tiempo” por el simple hecho de que si quería tenerlas “igualadas”, debía duplicar la tarea de crearlas en ambas computadoras de manera simultánea.
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Adrián Tips tiene por objeto dar “Consejos gratis sobre Internet, Redes Sociales y el Mundo Online para Webanalfabetos”. Y en cada TIP me esfuerzo muchísimo para hacerlo de la forma más didáctica. Por los comentarios que recibo, el objetivo se está logrando. Sin embargo, reconozco que siempre se puede mejorar (y mejorar y mejorar y mejorar…). Es por eso que quiero presentarles a uno de los “modelos” que más admiro en relación a este tema y que es el generado por Common Craft y sus creadores Lee LeFever y Sachi LeFever. Dicho burdamente, son los Reyes del “didácticismo” (o como ustedes prefieran llamarlo).
Y ¿qué es Common Craft? Según Wikipedia:
Common Craft es una compañía basada en la creación de una biblioteca de videos educativos sobre una variedad de temas que son fáciles de entender para personas sin conocimientos técnicos. Los videos utilizan la animación stop-acción con pizarras y recortes de papel para ilustrar el tema. Los videos se dividen en cuatro categorías (Verde, Dinero, Sociedad y Tecnología) y están disponibles en cinco idiomas (Inglés, Francés, Alemán, Portugués y Español).
O dicho de otro modo, Common Craft se especializa en realizar “videitos” de 3 minutos sobre diferentes temas de un modo super didáctico. Es decir, tan solo 3 minutos son necesarios para, de no saber absolutamente nada sobre un tema determinado, pasar a conocer el ABC de dicho tema.
Hasta ahí, nada del otro mundo hasta que me dí cuenta que, luego de hacer la selección de las “mejores fotos” (es decir, borrando aquellas en las que alguien salía con los ojos cerrados, o fuera de foco, o ambas situaciones) tenía casi 200 fotos de 3 megas cada una. O sea, casi 600 megas de fotos. Y tardé muy poco tiempo, en también darme cuenta, que todos los que me solicitaron las fotos, me dijeron algo así como “Por favor Adriancito, mandame un mail con las fotitos” (palabras más, palabras menos).
¿A quién no le paso algo similar?
Esa frase, “mandame un mail con las fotitos…” , se transformó en un desafío importante para mí. Primero, porque mi querida cuenta de Gmail, a la que tanto quiero, al adjuntar todas las fotos en un mail, me informó “gratamente” lo siguiente:
Esto, implicaba simplemente que debía mandar 24 mails cargados de fotos a los más de 40 interesados (cosa que por cierto me negaba rotundamente a hacer, y más sabiendo que al menos Gmail me permitía mandar 25MB, cuando era altamente probable que los servicios de mail de varios de los destinatarios ni permitiesen recibir un peso tan grande, generando los consabidos problemas del tipo: “por favor, me lo mandas de nuevo que no me llegó”, etc., etc., etc…).
Ante tamaño desafío (repito: ¿cómo mandar 200 fotos de 3 megas cada una, totalizando 600 megas a 40 personas que promedian los 70 años?) y partiendo del hecho que tampoco quería subir las 200 fotos a Facebook (porque eso implicaba necesariamente que todos los interesados tuviesen cuenta en Facebook, cosa que sabía que no sucedería además de que no quería llenar mi perfil de fotos del cumple de mi viejo que sean vistas por todos -o tener que ponerme a limitar la privacidad de visibilidad de dichas fotos a cada uno de los invitados-) y descartando de lleno la posibilidad de grabar 40 CD’s para enviar a cada uno, llegué a la conclusión de que era hora de acudir a mi “superhéroe Google”, una vez más. Pero esta vez, a través de su servicio de “Compartir Fotos Online”, denominado Picasa Web.
Uno de los grandes dilemas al que debemos enfrentarnos en relación a TWITTER es decidir a “quién seguir”. Lo entretenido y útil de Twitter es directamente proporcional al tipo de personas que uno sigue o “followea”. Si sigo a gente “que me interesa” (con toda la subjetividad que el término “interesa” merece), es altamente probable que me enganche mucho con Twitter. En cambio, si sigo a personas que no me aporten mucho, es probable que termine perteneciendo al grupo que dice: “No sé que le ven a esto de Twitter, realmente no le encuentro la gracia” (¿les suena conocido este bocadillo?).
Una recomendación para encontrar twitteros a los cuales “followear”, es primero seguir a diferentes personas por “X” motivos y luego ver “qué nos producen sus tweets”. Sin embargo, cuando más gente encontramos, se nos puede dificultar prestarle atención al TIMELINE (timeline es la traducción de “línea del tiempo”, y es una forma de denominar a la lectura de todos los tweets de las personas a las que sigo. También timeline puede aplicar a todos nuestros tweets. Por ejemplo, es común escuchar frases de tipo: “que tranquilo que está el TM”, “hoy mi TL está que arde”, etc.). Conozco a varias personas que por culpa de la sobreabundancia de tweets de las personas a las que siguen, decidan “interrumpir” el seguir a más gente. Y aquí es donde comienza la “gran paradoja de Twitter”, que tiene que ver con las ganas de querer seguir a más y más personas pero el avanzar en esta dirección puede generar una “sobredosis” de Tweets en nuestro timeline (llegando al punto de cansarnos tanto y que terminemos abandonando por un período -más corto, más largo- nuestra actividad twittera).
Como se imaginarán, su sencilla explicación para mí, en ese momento, fue complicada y esto se debe principalmente a que cuando uno no usa una herramienta o servicio, es muy difícil imaginarse para que puede servir, y si se lo llegara a imaginar, sería imposible concebir el “día a día” y los detalles operativos del mismo. Por ejemplo, hoy que es muy común el uso de Ipods, es fácil entender para que sirve y que usos extra se le puede dar, además del gran placer y satisfacción que nos brinda tener uno y la dependencia que podemos a llegar a tener del mismo. Sin embargo, en el 2005, año en el que se lanzó el primer Ipod, si nos hubiesen querido explicar qué era y para qué servía, difícilmente lo hubiésemos entendido. O sea, hay ciertas “cosas” que si bien existen (y que pueden estar siendo usadas por otros), no “entran en nuestro radar” hasta que nosotros mismos las utilizamos.
Todo este preámbulo fue para justificar que si bien confío mucho en Seba, no iba a subir un TIP sobre DROPBOX hasta que yo mismo no lo experimentase de manera intensiva. Hoy, un año después, y habiéndome transformado en un “fanático, dependiente y heavy user” de DROPBOX, puede garantizar que el mismo es simplemente “genial” y merece mi mayor recomendación a través de Adrian TIPS.
A continuación, y dentro del marco de “Adrian TIPS & Friends”, les paso el TIP original escrito en su momento por Sebastián Ravbar, y que trata sobre dos herramientas diferentes y muy útiles para, entre otras cosas, el envío de archivos pesados de un lugar a otro, el almacenamiento de los mismos y la sincronización con disco local. Y cómo ya se imaginarán, de los dos servicios que recomienda, el mejor es DROPBOX, dado que el mismo es el más completo y fácil de usar, especialmente para los que usamos simultáneamente PC (con Windows) y MAC (con OS Leopard o Snow Leopard). Y no se olviden, ambos son gratuitos.
Y ¿por qué es conveniente registrar nuestro propio nombre?
Porque el mismo forma parte de nuestro Branding Personal. Es decir, nos ayuda a que otros puedan tener una imagen sobre nosotros que se complementará con otros elementos entre los que se destacan nuestros Perfiles Online en diferentes Redes Sociales y Profesionales al igual que las fotos que utilizamos para darnos a conocer y el blog que tengamos (en caso de tener uno). El poseer una dirección con nuestro propio nombre, permite varias cosas, pero principalmente tres: